Experimento alimenticio, Día 0

noviembre 15, 2017

Experimento alimenticio, Día 0

Tiempo de lectura: 6 minutos

Ilustraciones: Macarena Pola

Mi nombre es Florencia, soy escritora y adicta a la comida chatarra. Me conocen muchos amigos por haber andado con bigotes de chester y fanta, intercambiar favores por chubi, haber abrochado zapatillas de compañeras de colegio a cambio de monedas para ir a comprar en el quiosco… Una vez por estresada , me encerré en el baño del trabajo a comerme una empanada a toda velocidad. Y esto fue recién el año pasado.

Comer empanada en el baño, mala idea

Cuando era una guagua, todo líquido lo vomitaba, menos la CocaCola, y obviamente me encantó esa bebida: me hacía bien, me daban cuando estaba enferma y me sentía en casa, sus colores navideños, su reinvención de Santa Claus, sus osos polares. ¿Qué mejor que prometer navidad todo el año?. La Cocacola incluso me recordaba como estudiante de literatura a las líneas de Arthur Rimbaud en su libro “una temporada en el infierno” :“¿Cuándo iremos, más allá de las playas y de los montes, a saludar el nacimiento del nuevo trabajo, de la nueva sabiduría, la huída de los tiranos y de los demonios, el fin de la superstición; a adorar -¡los primeros!- la Navidad sobre la tierra?” Imaginen el fanatismo.

Pocas veces he comido en mi vida frutas y verduras, hasta hace poco, cuando empecé a trabajar como desarrolladora en la página web de acá de La Prensa. A pesar de estar abanderada con la comida chatarra gringa que sigo comiendo y me encanta (waffles, mantequilla de maní, pizza, sandwiches), decidí unirme a este equipo de trabajo por tres cosas:

1. Conocí a la fundadora de la Prensa, y gran amiga Blanca Valdés trabajando en un taller colaborativo para hacer invenciones, experimentos y prototipos. Con Blanca trabajando ahí juntas nos escapabamos a hacer tours de postres por el barrio: mousses, suspiro limeños, chocolates, y comíamos todo. También comprábamos dobladitas para el desayuno y el té y la Blanca me decía con la boca llena, comiendo ese suspiro limeño, , algún día haré mi propia empresa de comer sano. Yo solo me reía, obviamente no le creía nada.  Y nos pasaba algo, algo que me había pasado ante y que el comediante Bill Burr describe muy bien (vean el video, lo mejor son sus gestualidades):  “Creo que la comida rápida, la comida chatarra es como una conspiración para quedar tonto todo el día, después de un rato ni puedes pensar, ¿han cachado esa cuestión? ¿alguna vez han tenido todo un día planeado con panoramas o proyectos, y comen un egg mcmuffin, y terminas en el sillón como: shao filo con todo, me voy a quedar un rato echado, estirarme acá pasarlo bien! Es increíble, la comida sana ni siquiera la puedes oler, puedo tener una manzana a centímetros de mi cara y nada. A 200 millas en cambio ¿qué es ese olor kentucky? ¿pollo? Y vas y compras esos baldes de pollo”. Así pasábamos con la Blanca, comiendo postres y hablando de proyectos que nunca llevaríamos a cabo porque estábamos echadas de lo llenas, riéndonos (me acuerdo que yo le hablaba de un robot que quería construir, y  que tendría la personalidad de un rey). Algo andaba raro.

2. Corte de escena, la Blanca sí abre su empresa de alimentación saludable, La Prensa, mientras yo seguía sin creerlo echada en mi sillón, y sin el robot listo. Estaba casi decepcionada de perder a una colega de la holgazanería. Hasta que un día me llama y me dice que quiere que me una al equipo. “Obvio que no” le dije , “si soy abanderada de la comida chatarra y no puedo prometerle nada a la gente por mi escepticismo”. Pero me convenció como en Jerry Mcguire, me dejó diciendo “you had me at hello” después de una frase: me dijo, yo no ando evangelizando que todos coman sano, yo feliz que mis jugos lleguen a McDonalds, ese es mi sueño para que los que comen chatarra agreguen algo de frutas y verduras a su alimentación, de forma fácil. “You had me at hello, Blanca”. Y pensé, McDonalds, aquí vamos

Algún día

3. El tercer y último motivo, es que la verdad es que jamás he tenido mucha energía para levantarme en la mañana, ni durante el día, algunos podrían haber dicho hace un tiempo que el color de mi piel parecía un poco gris (un amigo me apodó con ternura “la niña de las manos grises” cuando iba en la universidad),y me quedo dormida cualquier parte. Sé que no comer frutas y verduras hace mal. Además, hay dos momentos en que he tocado fondo con la comida chatarra y  este tipo de síntomas enfermizos: una vez que me dio jaqueca crónica y tenía prohibido comer chester. Llamé a mi mamá desde la enfermería del colegio rogándole que me dejara comer una bolsa, solo una. No me podía concentrar en el colegio, era una adicta.  Y la segunda vez fue cuando tomaba un litro de cocacola normal y una barra de chocolate trencito diario en mi primer trabajo. Cuando estaba tomando y comiendo estas sustancias cafés sentía un calor y que me ponía más atenta, todo se veía con más contraste. Me sentía alegre como en mi propio hogar. Y a los cinco minutos me daba frío, sentía todo borroso y no tenía ganas de hacer nada ni ver a nadie, además de una leve sospecha de que los colegas de trabajo me estaban espiando. Andaba paranoica. Incluso una vez le grité a un compañero que tomaba fotos a personas que estaban detrás mío, “para de tomarme fotos ahora mismo”.

Obviamente pensó que estaba loca. Yo solo pienso que en ese momento necesitaba azúcar. Eso si, aunque debo admitir que soy imaginativa, y pueden haber sido efectos hipocondríacos que se me venían a la cabeza, sea imaginación o no, esa Cocacola normal y ese chocolate me llevaban al final del día laboral, a ir triste y con frío a escuchar unos karaokes al Schop Dog. Fue un mal año.

Por estas razones he decidido involucrarme en este experimento, y registrar día a día la experiencia de agregar a mi forma de comer más frutas, verduras, vitaminas, ayunos intermitentes  y todas esas cosas que a penas conozco su nombre. Esto es para todos los que están conmigo en que les gusta comer chatarra, dulce , y no entienden nada de qué es curcuma, kale, super alimentos; para todos los que no saben cómo pelar zanahorias, cómo elegir ingredientes sanos en el super, o incluso se han cortado lavando su licuadora (sí, me pasó eso); para que averigüemos qué cambios me pasan al probar estas nuevas maneras de comer,  desde el escepticismo y desde la curiosidad de querer aprender algo nuevo. ¿Están contento de que yo me ofrezca como conejillo de indias, y no uds?

Yo no sé cómo terminará todo esto, pero en La Prensa la Blanca me dijo: lo único que te pido es que seas brutalmente honesta y pruebes todos los productos, como cuando se hace control de calidad de tecnología o beta testing en video juegos (cosa que también me ha tocado hacer antes).  Invito incluso a aquellos que ven estas nuevas formas de alimentarse una moda que se parece a las falsas teorías de conspiración que terminan mencionando presencias de extraterrestres. Solo espero que no terminemos encontrándonos con la revelación de que Hitler está vivo en Buenos Aires y que anduvo también de paseo por la Antártica. No hay nada más repetido que ese final. Que comience el experimento, atentos al próximo registro.

¿Alguien quiere hacer el experimento conmigo y ser un conejillo de indias? Abajo de este párrafo están los planes Detox. Lo que más me gusta es que tienen nombre de animales que comen plantas (que llevaran esos nombres fue idea mía, aunque aún no los he probado pero comenzaré ahora). Mándenme después de probarlos sus impresiones a florencia@jugoslaprensa.cl, y así comparamos notas.